domingo, 27 de junio de 2010

La Etiqueta.



Un día, de repente, al mirarse una persona al espejo, ve reflejado en él una etiqueta...


   Una etiqueta es una imagen de nosotros, un flash directo a los ojos. Posee una potencia informativa tal que es capaz de recoger toda la compleja personalidad de dicha persona e, instantáneamente, proyectarla a los ojos de aquel que la observa.


   No es la visión plana y simple de nuestra cara, ni de nuestro cuerpo. Es algo parecido a la imagen que se forma cuando ves el coche de un amigo aparcado: en realidad, la imagen visual recogida por los ojos es la del coche pero, en nuestro cerebro, se produce una maravillosa asociación con la imagen de nuestro amigo. El resultado es una imagen compleja en la que, a la del coche, se le añade la de nuestro amigo como un halo que envuelve al coche y modifica de forma absolutamente radical a la obtenida por los ojos. Es totalmente imposible ver el coche aparcado de un amigo como una simple imagen de un objeto metálico con ruedas. No, la imagen, o la idea, de nuestro amigo es una parte indivisible de la imagen de ese coche. Viendo el coche, ves al amigo; su esencia flota alrededor. Es una unidad indivisible del poseedor representado en el objeto poseído.


   Pues, como digo, hay un día en la vida de las personas que, de repente, al mirarse al espejo ve una etiqueta. Por supuesto, sin saber por qué sí, y sin saber, asimismo, el por qué hasta ahora no. Esa etiqueta, nada más verla,  produce una primera y tímida satisfacción que, poco a poco la persona en cuestión hace suya con orgullo. En realidad, nunca hay rechazo porque esa etiqueta ha sido fabricada por esa persona, de manera inconsciente, pero totalmente a medida.  Para su elaboración, esa persona (generalmente de temprana edad) ha recolectado de su entorno todos los elementos que, en la medida de sus posibilidades, mejor han dado cuerpo argumentativo y estético, así como categoría y estatus social, a su persona.


   En ningún momento nadie se planteará si realmente esos elementos  son adecuados, son los deseados, o si son los más convenientes para estar a gusto consigo mismo y alcanzar realmente la felicidad. Son, simplemente, los necesarios para elaborar la etiqueta que va a proyectar al mundo la imagen social de esa persona que, en definitiva, somos todos.

jueves, 24 de junio de 2010

Reflexiones (otras)

Una cuenta atrás, controlada y breve... es una auténtica delicia; potencia el deseo, lo deseado, y a todo aquello que le concierne. 
Por el contrario.... una cuenta atrás que no dominamos; que no sabemos cuánto durará y que, sin atisbar el más mínimo indicio que marque su final, se alarga más de lo esperábamos al principio, una espera así, es una infernal tortura.




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jueves, 29 de abril de 2010

Breve plenitud.



La extensa plenitud del Ser,
en su más plena y extensa condición,
es Fuerza y Vida que, 
tras su puntual brevedad
torna en trágica maldición;
tras el intenso latido
del insatisfecho corazón.

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Fotografía de Mr. TAS, de Abril de 2010. Para ver más, entra en la Ostiaquerisa's Photo Gallery

miércoles, 21 de abril de 2010

El Fútbol.

   
   "El fútbol es un espectáculo increíble que, a diario, es manoseado y ultrajado por miles de paletos y otros tantos borregos desde sus respectivos rebaños".

sábado, 17 de abril de 2010

Sensación Térmica y el fin de la objetividad.

   ¿Cómo reaccionar ante la siguiente predicción meteorológica?
"Para mañana, nubosidad variable y riesgo moderado de precipitaciones". 

   Creo que la gente, al oír algo así cuando se sienta frente al telediario, reacciona del mismo modo que cuando lee la Biblia o ve un partido de fútbol. Es decir,  interpretándolo todo como le viene en gana.  Cada cual incide en los matices que respaldan sus expectativas. De tal modo, el que llevaba en mente pasar el día en la playa, tan sólo percibe que le aconsejan una manga larga para la noche, por si acaso. Por otro lado, aquel agricultor que, ante la sequía que no cesa, teme que en vez de maíz le van a  salir ya la palomitas hechas, se acuesta esperanzado ante la borrasca que se avecina.

   Pero, eso no es todo. Ahora, cada vez más, se introduce el concepto "sensación térmica". Sí, ¿a quién le importan los grados que marca el termómetro? Lo definitivo es la sensación térmica que se tenga. Hace poco,  en la fiesta Aguachumei II, en Ejea, durante la comida en la Plaza desconozco a cuántos grados estábamos, pero mi sensación térmica era de 57º la mínima y 63º la máxima. Eso sí, la paella muy buena.



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sábado, 20 de marzo de 2010

Extracto de 'Diálogos sobre la Religión Natural' de David Hume.


-Dijo Filón, ¿recuerdas el magnífico dicho de lord Bacon a este respecto?
-Que un poco de filosofía hace a un hombre ateo, y que mucha filosofía lo convierte a la religión, contestó Cleantes.

domingo, 14 de marzo de 2010

Miguel de Unamuno, el episodio del Paraninfo de Salamanca.

   Miguel de Unamuno, fue en todo momento una destacada figura intelectual y de marcado carácter comprometido. Cabeza visible del movimiento liberal que, en su beligerancia, acumuló una condena por injurias al Rey en 1914 así como el destierro por parte del Dictador Primo de Rivera, en 1924. Al comenzar la guerra civil, vio con simpatía el golpe de estado Franquista considerándolo como una alternativa a la Anarquía y descontrol en que había caído la República. Ante el estupor causado con su pública postura, no sólo en la España republicana sino en la elite intelectual europea, ya en plena Guerra, el Presidente de la República lo destituye de su puesto de Concejal en Salamanca. Los generales sublevados franquistas, con capital provisional en Burgos, lo restituyen inmediatamente: Miguel de Unamuno, acepta el cargo.
   No tardó en arrepentirse. Numerosos amigos y compañeros fueron asesinados y torturados. Además, en sus bolsillos acumulaba cartas, de las mujeres de otros tantos que le suplicaban ayuda, bien en su búsqueda, bien o en su liberación, dependiendo si se trataba de desaparecidos o de encarcelados. Sólo varias semanas después del Golpe militar, ya vio horrizado qué tipo de dirigentes lideraba la sublevación. Unamuno, llegó a reunirse, en octubre de 1936, con el General Franco para pedirle clemencia. Todo fue inútil, los fusilamientos se sucedían.
   Días después, el 12 de octubre, en los actos de apertura del año académico en la Universidad de Salamanca, de la que todavía era rector, tuvo lugar uno de los acontecimientos más brillantes de la Historia Moderna de España. Ójala Stefan Zweig hubiese narrado lo ocurrido, qué hacer yo en su lugar. 
   Hay que destacar, que en ese mismo día coincidía también la fascista celebración del Día de la Raza. El paraninfo de la Universidad estaba, pues, repleto de autoridades. Éstas, entre otras circunstancias, eligieron Salamanca a falta de otras capitales de importancia en las que hubiese triunfado La Gran Cruzada Nacional. Miguel de Unamuno, sin la intención inicial de tomar la palabra escribía algunas notas mientras escuchaba los típicos tópicos de la euforia patria nacionalcatólica que una y otra vez clamaban contra esa anti-españa amenazante. De repente, un Unamuno indignado, se puso en pie. Con la fuerza de la rabia que tenía por haber apoyado el golpe en sus inicios y arropado en el más sincero de los arrepentimientos, habló a los presentes en la forma que ya la historia guarda celosa entre sus más preciados tesoros:


"Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (...) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis...".

   En ese momento, el ambiente de exaltación ideológica reinante en el paraninfo de la Universidad de Salamanca fue sacudido de forma brutal en su más elemental sustento arquitectónico. Ocurrió entonces, uno de esos momentos en los que, ante una agresión a vida o muerte, sólo los guerreros de sangre sacan a relucir sus cualidades. Y fue uno de ellos el que reaccionó, como no podía ser de otro modo. Con la sangre a punto de ebullición, el General Millán-Astray, empezó a gritar: "¿puedo hablar?, ¿puedo hablar?" Al tiempo, su escolta presentaba armas. En ese momento se oyó a alguien gritar "Viva la Muerte", y Millán-Astray, habló al fin: 


«¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!». 


   Se excitó sobremanera hasta tal punto que no pudo seguir hablando. Resollando, se cuadró mientras se oían gritos de "¡Viva España!". Se produjo un silencio mortal y unas miradas angustiadas se volvieron hacia Unamuno, que dijo:


"Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de «¡Viva la muerte!». Esto me suena lo mismo que «¡Muera la vida!». Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy en día demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él. (...) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada..."
   Furioso, Millán-Astray, interrumpió: "Muera la inteligencia". Pero Unamuno no se amilanó, y concluyó de forma memorable. Fue uno de esos momentos que se presentan en la Historia en los que sólo los grandes personajes dan la talla apropiada. Esos instantes en los que uno se juega todo; en los que el país se juega todo, la humanidad se juega todo; en esos instantes sólo los grandes de la historia saben culminar el momento hitórico en el que se encuentran. Miguel de Unamuno, respondió así a la interrupción que con el grito "Muera la inteligencia", le habían provocado


"NO... ¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España"

   La esposa del General Franco, Doña Carmen Polo, toma del brazo a Unamuno y lo saca del recinto. Acompañados de su guarda personal van hasta la casa del escritor. Ya en su casa, y gracias a su paradójico 'salvador', Miguel de Unamuno evita la tragedia que, de cualquier otro modo, se hubiese cumplido contra él. Quizás no había otra persona en ese momento en el paraninfo, ni en toda España, con la autoridad suficente para sacar a Miguel de Unamuno con vida de ahí. Y esa persona fue Carmen Polo, la mujer de Franco, ante la que nadie impuso su fuerza mientras se llevaba 'al celestina y antipatriota', como sería llamado después. Fue en un decreto firmado por el Generalísimo por el cual se destituía al rector en estos términos:
«...por España, en fin, apuñalada traidoramente por la pseudo-intelectualidad liberal-masónica cuya vida y pensamiento [...] sólo en la voluntad de venganza se mantuvo firme, en todo lo demás fue tornadiza, sinuosa y oscilante, no tuvo criterio, sino pasiones; no asentó afirmaciones, sino propuso dudas corrosivas; quiso conciliar lo inconciliable, el Catolicismo y la Reforma; y fue, añado yo, la envenenadora, la celestina de las inteligencias y las voluntades vírgenes de varias generaciones de escolares en Academias, Ateneos y Universidades»
   Días antes de su muerte, Unamuno escribe a un amigo:
"La barbarie es unánime. Es el régimen de terror por las dos partes. España está asustada de sí misma, horrorizada. Ha brotado la lepra católica y anticatólica. Aúllan y piden sangre los hunos y los hotros. Y aquí está mi pobre España, se está desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo..."
   A pesar de todo, en su funeral fue exaltado como un héroe falangista. A su muerte, Antonio Machado, escribió: 


"Señalemos hoy que Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en la guerra. ¿Contra quién? Quizá contra sí mismo"


Frases y Citas sobre Dios.