Oficialmente España es un país católico. Históricamente ha sido un país católico cien por cien comprometido que ha defendido el catolicismo a capa y espada, sobre todo, a espada. España, dicen desde las tribunas oficiales, está orgullosa de ser católica y, por extensión, apostólica y romana.
No dispongo de una red de encuestadores como para ofrecerle a usted, mi querido lector, una pormenorizada sucesión de datos porcentuales al respecto. Pero sepa usted, lector querido por mi, que no la tengo, pero porque no quiero.
A pesar de eso, y basándome en la experiencia personal, he elaborado una nueva Teoría Social fruto del trabajo minucioso desarrollado a lo largo y ancho de esta pantalla.
He comprobado empíricamente y, por lo tanto, estoy en disposición de afirmar, que la mayoría de españoles asegura sinceramente no creer en la infalibilidad del Papa; no considera a éste representante elegido por Dios en la Tierra (Tierra 'metafísica' no confundir con La Tierra 'Planeta'). Además, tampoco cree en el mandato divino de la jerarquía eclesiástica ni en su ministerio. Desechan, además, la creencia en el santoral y su espiritualidad divina tachándola de superstición. Por lo tanto, esa mayoría de españoles, por definición, no son católicos ni, por extensión, apostólicos y romanos. Su creencia, en consecuencia, corresponde a cualquier corriente cristiana de las llamadas reformistas o protestantes.
Pero si continuamos la disección de las creencias de la sociedad española, llegamos a averiguar que, además, esa mayoría de españoles no cree tampoco en la divinidad de Cristo. Lo considera un decisivo personaje histórico y creen en su mensaje y relevancia. Lo consideran un predicador, un revolucionario, un profeta quizás, pero nunca el hijo de Dios, y nunca lo consideran a Dios mismo. Por lo tanto, ¡no son cristianos! Esa mayoría de españoles cree en Dios Creador pero no en Cristo como Salvador Hijo La Vírgen María y concebido por el Espíritu Santo. Creen sinceramente (no entro a valorar lo que creen embusteramente) en la Creación del mundo por Dios pero no creen en Cristo como Su Hijo y Dios al mismo tiempo, enviado a La Tierra (no planeta) para morir por nuestras almas. Esa mayoría de españoles son, por definición, agárrese querido lector porque son... ¡judíos! ¡¡tachán!! Sí, ha oído bien. Sus creencias coinciden, a grandes rasgos, con las de la religión judáica. Sólo creen en la divinidad del propio Dios y en los mandamientos sagrados entregados por éste a Moises.
¡¡Si levantara la cabeza Isabel de Castilla!!
Soy consciente del bombazo que estoy revelando. ¡Jódete Dam Brown, y encima yo lo demuestro! ¡Chincha rabiña cómete una piña! Los cimientos de la españolidad se tambalean. Soy consciente del peligro que corro al dar semejante vuelco a los dogmas culturales: Felipe II se retorcerá en su tumba y Franco, de repente, se colocará en los libros de historia al lado de Nostradamus al acertar la predicción, una y otra vez avisada en mil y un discurso en el que asumía el sufrido papel de Casandra española, de la conjura judeo-masónica que tantos momentos de risas y carcajadas nos ha dado.
Por otro lado, y siendo España judía, los concejales de urbanismo de Ceuta y Melilla se frotarán las manos. Ya pueden empezar la construcción de 'asentamientos/urbanizaciones' de carácter 'ilegales/recalificables' en territorio musulmán al más puro Cisjordania's Style.
Siendo judíos podremos invadir el sur de Francia porque tendremos derecho a nuestra seguridad. Haremos de Portugal un agujero cerrado a cal y canto donde varios millones de personas malvivirán sin que entre un sólo céntimo, quedándonos con su espacio aéreo y sus recursos marítimos.
Podremos hacer películas alabando a nuestros terroristas así como torturar a nuestros vecinos y siempre, por supuesto, con la amable y comprensiva mirada del resto de países.
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leído hace un año en Internacional: "Tomar apuntes de Irlanda"













